Innovación y Placemaking

Durante el segundo semestre de 2014, junto a un equipo de profesionales de primer orden, multidisciplinarios enfocados en desarrollo urbano, fundé en el Municipio de Quito la Oficina de Mecánica Urbana. La intención de esa unidad era encontrar fallas en el funcionamiento de la ciudad y corregirlas, como un mecánico corrige un motor que tiene problemas para moverse.

El proyecto estrella de la oficina de Mecánica Urbana fue el Distrito de Innovación de Quito, que aprovechaba las condiciones urbanas creadas de manera orgánica en el barrio de La Floresta, con un cluster creativo muy importante, otro adicional de servicios, relacionados y no al cluster principal, que complementan y fortalecen la industria, universidades, turismo y empresas.

Para consolidar ese cluster en un Distrito de Innovación hacía falta que Quito tenga una política de innovación que vaya más allá de una directriz de digitalizar servicios en lo que se conoce como una “Smart City” y sea, más bien, una ciudad con un urbanismo inteligente, propuesto por su gente para solucionar problemas puntuales y que sirva para el fortalecimiento de las redes ciudadanas y para el desarrollo económico local. La propuesta de política pública fue presentada a la Alcaldía Metropolitana en los primeros meses de 2015, pero la visión escogida fue otra, anclada a criterios dispersos de innovación y a proyectos puntuales de cada entidad.

Publico aquí las partes relevantes del White Paper de Innovación Metropolitana que desarrollé junto con los mecánicos urbanos.

White Paper de Innovación Metropolitana de Quito

Oficina de Mecánica Urbana – Secretaría de Desarrollo Productivo y Competitividad

 

  1. Aspectos Clave:
  • La mentalidad innovadora de una ciudad es un proceso basado en la inteligencia colectiva y está por encima de factores exógenos como la economía o el gobierno.
  • Cuando los tomadores de decisiones trascienden las políticas publicas basadas en clichés, y se centran en la premisa de la creación de condiciones para el bien de la colectividad, se construye inteligencia urbana desde el gobierno.
  • Cuando el municipio se enfoca en la creación de condiciones urbanas para fomentar encuentros y motivar que los ciudadanos creen y emprendan, se construye un ecosistema de innovación real, basado en las redes ciudadanas.
  • Una administración innovadora cambia los paradigmas de cómo se percibe la ciudad y su inteligencia colectiva, más allá de infraestructura tecnológica o sensores.
  • El liderazgo innovador es transversal e impulsa una visión unificada y clara de cambio y creatividad.
  • La ciudad tiene un horizonte temporal que requiere consolidar procesos ciudadanos de cambios de percepción y mentalidad que generen una constante disrupción del sistema, como pasos previos para la construcción de una ciudad inteligente para la gente y resiliente.

 

  1. Política de innovación

Es el siglo de las ciudades. Más del 50% de la población mundial vive en centros urbanos y para 2035 se espera que haya 3.500 millones de nuevos urbanitas que requerirán techo, servicios y espacio público. Una de las estrategias que pretende solventar el reto de la presión poblacional y que se ha expandido por el mundo de manera rápida y eficaz es la de Smart Cities o Ciudades Inteligentes. Las propuestas enmarcadas en el potencial de la tecnología prometen acompañar a municipios y gobiernos regionales y nacionales en el proceso de actualización tecnológica de la gestión y juntan a corporaciones globales en un mercado de nicho para ofrecer soluciones integrales de servicios, procesos, gestión y apertura que montan toda la información y gestión de servicios públicos sobre herramientas tecnológicas y digitales.

Los alcances de las estrategias de Smart City y sus aplicaciones han crecido exponencialmente desde las primeras iteraciones de “gobierno electrónico” de inicios del siglo e implican para los gobiernos grandes inversiones de capital en sensorización, procesamiento de datos, planes de intervención y otros elementos de lo que ahora se conoce como “ciudad ubicua”. Por la envergadura de los proyectos y las relaciones contractuales a largo plazo, es usual que los gobiernos que compran este tipo de servicios se alineen con las estrategias y planificación de las corporaciones que proveen la arquitectura tecnológica y prestan los servicios digitales.

Desde la academia se ha cuestionado de manera enérgica y reiterada esta aproximación a la digitalización de la gestión pública, debido a que si bien genera un ahorro de pasos, tiempo y plazos, pretende acoger la actualización tecnológica sin generar cambios sustanciales en el comportamiento de los potenciales usuarios ni en los procesos subyacentes que ofrece digitalizar. La respuesta corporativa ha sido la “humanización” de la ciudad inteligente y la proliferación de estrategias de aprovechamiento de las redes sociales y demás herramientas de ciudadanización del proceso tecnológico.

El principio detrás de la Ciudad Inteligente es la disrupción de procesos convencionales mediante herramientas tecnológicas, lo cual va generando innovación a lo largo del camino. La alternativa a esta estrategia de política pública de Quito es pensar en la innovación como un valor o principio transversal que permea todos los ámbitos de la gestión, impulsando microprocesos innovadores en cada acción pública y privada, formando una red ciudadana que piensa distinto, propone soluciones distintas y contagia el pensamiento innovador a otros ámbitos de la gestión. Una política pública de innovación en las ciudades del Sur Global debe apuntar hacia la construcción de programas transversales que reduzcan la presión de inversiones de capital, activen la economía local y construyan redes ciudadanas como colaterales del proceso de actualización tecnológica.

Para efectos de esta política pública, la innovación es vista como el proceso mediante el cual los proyectos, servicios y productos municipales se aproximan desde una óptica distinta a la convencional, aprovechando herramientas creativas para tejer redes, hilar ideas e iniciativas y mejorar la experiencia de la ciudad. Los procesos disruptivos aprovechan el acceso a herramientas tecnológicas que el gobierno local ofrece para cubrir brechas mediante la tecnología, en un entorno de actualización permanente de los sistemas municipales para igualar el estado del arte. La política pública de innovación toma en cuenta las necesidades de actualización tecnológica, los documentos de integración digital a los procesos, proyectos y servicios municipales como la Agenda Digital de Quito con un horizonte trazado a 2022, y las estrategias de adopción de sistemas informáticos para la gestión de la ciudad, pero reduce estos elementos a herramientas subordinadas, que se integran en un momento posterior a los planteamientos creativos y urbanísticos de creación de redes y construcción de capacidades. El trabajo realizado en la creación colectiva y participativa de la Agenda Digital informa la actualización en curso del Plan Metropolitano de Desarrollo, en tanto las provisiones puntuales de acceso a e implementación de tecnología digital en entidades públicas propuestas en la agenda se incorporan a los diversos ejes del documento con un horizonte a 2025.

El concepto de innovación urbana radica en la forma cómo el municipio ve el potencial del espacio físico de la ciudad en la creación de identidad, redes económicas y sostenibilidad, en cómo la gente lo utiliza y lo aprovecha y cómo se juntan los ciudadanos, la academia, las corporaciones y el municipio en la construcción del espacio compartido y en su contribución individual al desarrollo económico. En este sentido, la innovación no es una actividad puntual que se realiza sino una actitud integral de cara a la visión de ciudad y a la gestión urbana. La innovación es el resultado de un entorno que estimula adecuadamente la creatividad, que propicia encuentros de personas, ideas y conocimiento y promueve por lo tanto la generación de soluciones ciudadanas a problemas urbanos de toda escala.

El carácter transversal de la innovación urbana asume que los factores que generan encuentros y producen los efectos mencionados se basan en la calidad centrípeta o atractividad del espacio urbano, en la manera cómo los ciudadanos lo perciben y en la reacción y respuesta de los usuarios ante los estímulos de las características físicas del entorno construido. Por lo tanto, es responsabilidad de una política integral de innovación asignar las competencias de creación de condiciones consistentes con estos planteamientos, en cuatro instancias del gobierno local y sus adscritas, cuyo trabajo se manifiesta de manera tangible en el entorno construido: la planificación del territorio a cargo de la Secretaría de Territorio Hábitat y Vivienda, la política económica a cargo de la Secretaría de Desarrollo Productivo y Competitividad, la visión de movilidad sostenible a cargo de la Secretaría de Movilidad y la construcción de identidad y políticas culturales a cargo de la Secretaría de Cultura.

Las respuestas cívicas que se dan ante la calidad del tejido urbano provienen de estímulos sustentados en evidencias estudiadas en las áreas de la neurociencia y la psicología ambiental. De esas respuestas se conciben a su vez todo tipo de ideas innovadoras y soluciones creativas a problemas urbanos. El factor más importante en este proceso es la devolución de poder e iniciativa a la ciudadanía, que puede producir soluciones con acompañamiento municipal en un marco de libertad creativa, flexibilidad normativa y garantía de accesibilidad a tecnologías de punta. El enfoque especial de la economía creativa (también llamada Economía Naranja) responde a su rol en la creación de procesos disruptivos que modifican drásticamente el mercado y obligan a industrias en todas las áreas a generar procesos de pensamiento creativo y distinto para atender las necesidades de nuevas realidades socioeconómicas, demográficas o ambientales.

Cuando la ciudad ofrece las condiciones urbanas para el encuentro, se fomenta la creación de industrias creativas y se fortalecen los espacios de colaboración productiva, se crea un modelo de innovación social que produce soluciones idóneas y genera mercados emergentes de creación de nuevas tecnologías para solucionar problemáticas cotidianas. El modelo pasa de ser uno en el cual las grandes inversiones en investigación, desarrollo e innovación se ven circunscritas a círculos corporativos con vinculaciones políticas y a un alto poder de endeudamiento o de gasto (I+D+i), a uno basado en las ideas, la creatividad y la eliminación de barreras de entrada, construyendo una sólida base de participación ciudadana en la economía, que se manifiesta en el aprovechamiento de la inteligencia colectiva para desarrollar nuevas ideas de negocio, cubrir brechas en el mercado y generar un entorno de innovación social permanente que cambie y mejore la calidad de vida de la gente (Ic+Dn+iS).

Quito se piensa como una alternativa a las propuestas convencionales de Smart City, por lo cual la decisión entre proveeduría o creatividad trazará la cancha para la estrategia de innovación urbana. Los adelantos tecnológicos permiten muchas y muy diversas opciones al momento de crear las condiciones para que una ciudad sea “inteligente”. Ciudades como Santander o Songdo han adelantado procesos modernizadores desde la iniciativa pública basados en la instalación de tecnología de punta con grandes inversiones de capital, que les permite observar, medir y reaccionar, garantizando una provisión ágil de servicios y una respuesta rápida.

Sus condiciones de arranque, no obstante, han sido distintas a las de Quito. Santander es la capital Smart europea de 2014, hoy líder en la Red Española de Ciudades Inteligentes, con acceso a financiamiento directo de la Unión Europea para proyectos tecnológicos y con arquitectura tecnológica basada en una alianza con la empresa Telefónica, que sirve a una población de renta media alta de menos de 200.000 habitantes.; Por su lado, Songdo, centro tecnológico y de negocios de Corea, ha sido urbanizado privadamente y provisto de toda la infraestructura necesaria en el proceso de construcción, con arquitectura tecnológica provista por uno de los socios, la empresa Cisco. Quito, por su parte, con una realidad en la cual no más del 18% de negocios utiliza Internet como herramienta de trabajo, presenta niveles altos de inequidad así como brechas tecnológicas y de conocimiento muy amplias, lo cual no solo ubica las necesidades urgentes de la población en un ámbito distinto, sino que limita el impacto positivo que la tecnología de punta y las soluciones integrales provistas de manera exclusiva por empresas o conglomerados globales puedan tener en el grueso de la población.

Por lo tanto, en el contexto de la estrategia de innovación, la primera toma de decisión es si la ciudad va a ser inteligente desde los estándares corporativos y tecnológicos, o si lo será, más bien, en su urbanismo y su modelo de gestión. En el primer caso, la ciudad se provee de: tecnología, servicios, y sistemas que permitan leer las condiciones urbanas mediante enjambres de sensores e interpretar los datos por vía de sistemas informáticos complejos que ordenan, facilitan y agilizan la gestión urbana y los servicios al ciudadano.

En el segundo caso, la ciudad crea las condiciones para que haya encuentros productivos, ingresen actores que aporten nuevos procesos disruptivos y se fortalezca un nuevo mercado que demande soluciones más complejas y completas, con la consecuencia inevitable de dinamización de la economía local e inserción de la ciudad en la economía global. Esta alternativa asume que no es el municipio quien construye; esa labor y responsabilidad se devuelven al ciudadano en un proceso de descentralización económica o ciudadanización de la economía. El gobierno local crea las condiciones para fomentar los encuentros en el espacio público, resuelve problemas, facilita soluciones, simplifica procesos y reduce barreras de acceso, e interviene en la reducción de brechas que permitan aprovechar el valor agregado de programas públicos de liberación de datos, gobierno abierto y digital, etc.

Una estrategia de este tipo, innovadora bajo cualquier estándar de gestión, contiene el beneficio adicional de que cada ciudadano con un teléfono inteligente provee datos y mediciones que de otro modo tendrían que ser recogidos por miles de sensores costeados e instalados por el municipio. Esto a más de reducir significativamente el impacto presupuestario de grandes inversiones de capital, crece de manera sostenible y sólida con cada nuevo teléfono inteligente que se acopla a la red y con la contribución de cada ciudadano digital, aprovechando inteligentemente de la tecnología. Adicionalmente, como consecuencia directa del entorno colaborativo y de la construcción del ecosistema, los procesos de desbordamiento o “spillover” motivan la creación de empresas y negocios con proyección exponencial alrededor de las soluciones.

Las soluciones convencionales de Smart City crean un entorno en que el ciudadano recibe información provista por tecnología que no controla, en el marco de un sistema centralizado que la ciudad administra remotamente. En el caso de la innovación urbana, la provisión ciudadana de datos (donde cada individuo con un dispositivo digital móvil es un nodo de una red por concepto descentralizada) es un beneficio colateral al consistente crecimiento de la economía local en el contexto de un proceso de devolución de competencias, libertades e iniciativas al ciudadano. Adicionalmente al dinamismo económico generado, la ciudad se vuelve administradora de datos a bajo costo, sin el impacto presupuestario a largo plazo de la compra de tecnología con obsolescencia programada, lo cual libera recursos para enfocarlos en tareas que profundicen el acceso ciudadano a la tecnología y por lo tanto fortalezcan el círculo de provisión de datos y aporten desde un ángulo adicional con soluciones que fortalecen aún más la economía local.

Devolver el poder y la responsabilidad al ciudadano no exime al gobierno local de su labor en la creación de condiciones idóneas para el intercambio ciudadano ni de su responsabilidad en la implementación de proyectos digitales en las distintas entidades municipales según el camino trazado en la Agenda Digital y en planes subsiguientes. La decisión de construir la red urbana a partir de cada ciudadano como nodo, libera a la ciudad de grandes inversiones de capital y de gestionar la obsolescencia de sus sistemas en el marco de presupuestos limitados y otras necesidades de reducción de brechas y construcción de equidad, que son más apremiantes. Los esfuerzos pueden por lo tanto centrarse en la construcción de un modelo de gestión ágil que no entorpezca ni intervenga en la creatividad y un urbanismo de encuentros y a escala humana que, con base en la evidencia de intervenciones urbanas exitosas en el fomento de procesos de crecimiento económico, permita fortalecer las redes ciudadanas, la identidad y dispare el crecimiento de la economía local.

 

  1. Acciones concretas para impulso de la política de innovación
  2. Designación del Distrito de Innovación
  3. Definir alianzas con sector privado y academia
  4. Implementación del Laboratorio de Ideas Urbanas y Centro de Innovación
  5. Creación de plataforma para juntar mercados invisibles
  6. Establecimiento de mecanismos de evaluación
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