Food Trucks en la ciudad o catering de eventos?

Me encantan los Food trucks. Tengo una fijación con la manera en que son capaces de mejorar casi instantáneamente la zona de la ciudad donde se instalan, y creo profundamente en que la creatividad que se necesita para poner uno que funcione es un ingrediente fundamental en la movida de la ciudad. Además, el tipo de negocio y los montos de inversión tienen la capacidad de reducir las barreras de entrada al mercado de la restauración, y eso es bueno para los clientes, para la ciudad y para la economía.

Traté por varios medios, cuando estaba dentro del Municipio, de que utilicemos regulaciones existentes para que los food trucks puedan operar sin problema en Quito. Pero pronto recordé las escenas de bullying en el colegio, cuando los grandes se pasaban la pelota y el chiquito no atinaba a agarrarla, ya sea porque la lanzaban muy por encima de su cabeza, o porque eran más rápidos en el juego de manos. No piensen que estoy haciendo una analogía. Esto es casi casi que literal.

Quise que les designen espacios de estacionamiento especiales, y no pasó. Propusieron a cambio darles espacio en estacionamientos municipales que no dan a la calle. Quise que se les otorgue un permiso de circulación, y no pasó. Dijeron que habría que categorizarlos en la ANT como vehículos especiales. Quise que se les categorice como comerciantes autónomos para obtener permisos, y no pasó. No eran autónomos porque podían tener más de un camión y empleados, y además los “autónomos” protestaron por la “competencia desleal”. Quise que se les reconozca como una actividad económica y no sé si pasará. Hay un componente para food trucks en la reforma de la ordenanza de LUAE (Licencia Única de Actividades Económicas), cuyo destino luego de haber salido del Municipio no conozco.

Mi propuesta era que Quito permita, acoja, motive y promueva ese hub de creatividad que son los food trucks. Pero que las inversiones y promoción sean privadas, como debe ser. Que no sea que un funcionario solicitó un permiso para que operen hoy acá y mañana allá, o que alguna entidad construya y les entregue los carros, porque de no existir un aliado dentro, los permisos no necesariamente iban a llegar y los fondos para entregar carros de a $30K tampoco iban a fluir ilimitadamente.

No era precisamente una novelería sino un componente muy importante de la productividad local. Según la Mobile Retail Association, el negocio de food trucks en los Estados Unidos mueve alrededor de $2.700 millones de dólares anuales, y crea alrededor de 15.000 puestos de trabajo nuevos y su crecimiento es de alrededor del 100% Incluso, se han diversificado y cada vez hay más negocios que no son de comida y operan en camiones.

La alternativa que surgió fue hacer un festival de food trucks. No es mala idea. Puede ser espectacular. Hay grandes festivales de comida callejera alrededor del mundo que funcionan perfectamente. Pero era un festival. Un par de días. En un parque. Y al día siguiente, la tortura burocrática de los propietarios de los food trucks iba a continuar, porque el festival no les iba a proveer por arte de magia estacionamiento designado ni permisos de circulación, y eso pone en alto riesgo cualquier inversión.

Ergo, Quito no permite una cultura de food trucks. Aunque los funcionarios a cargo sí comprendan y la quieran motivar. Me encantaría que algún día se apruebe la reforma de LUAE, o que por cualquier otro camino los camioncitos de comida tengan espacio y operen legalmente y con seguridad en Quito. Pero no tengo tantas esperanzas.

En estos días un evento municipal de responsabilidad social ha incorporado food trucks. Pero es la misma historia. Es un recinto cerrado, el evento dura un par de días y los food trucks no están allí porque son un elemento de la movida de la ciudad sino porque fueron convocados a prestar un servicio de catering para los asistentes.

Tal vez sea ingenuo pero todavía espero que el lunes algo habrá cambiado y los food trucks podrán operar tranquilamente.

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