La revolución Pop-Up

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De algún libro de esos que caen fortuitamente en las manos saqué una idea que hace muy poco habría parecido inverosímil en Quito. Algún chef conocido por su excentricidad, quizás en Barcelona o tal vez en Berlín, no me acuerdo, había abierto un restaurante por un fin de semana. Con menú exclusivo, todo frugal, decoración ad hoc e iluminación improvisada a modo de estudio artístico se posicionaba como una alternativa interesante. Un halo de misterio envolvía todo el emprendimiento, al tratarse de locales desocupados, galpones industriales o quizás una librería, donde la exclusividad y el atractivo de la clientela volvieron tremendamente populares estos restaurantes “pop-up”. Se llamaron así porque aparecían y desaparecían en muy poco tiempo, pero dejaban una estela de interés por lo novedoso de su propuesta.

Luego apareció el ejemplar de la foto que, de hecho, fue mi primer apoyo en Kickstarter. Mi nombre aparece junto al de miles de curiosos que pusimos €40 para apoyar y obtener un ejemplar. La publicación recoge varias experiencias de objetos, restaurantes, espacios públicos, exposiciones, iniciativas artísticas, comerciales o educativas cuyo factor común es su temporalidad, el uso creativo de los espacios y un ratio envidiable de tamaño de la intervención a impacto sobre la experiencia urbana. Se encuentran cientos de iniciativas en http://www.popupcity.net

Los pop-ups se han ido reproduciendo por todo el mundo, desde Ciudad del Cabo a Vancouver y Lisboa a Shanghai, con las intervenciones más creativas posibles, invadiendo espacios con color, música, gastronomía, arte o cualquier elemento que pueda servir. Las ciudades lo agradecen, por el increíble aumento en su vitalidad y es muy reconfortante ver toda la economía que se ha generado alrededor de ideas tan pequeñas y sencillas como inmensas en su labor de urbanismo.

Los Food trucks son parte de esta tendencia mundial. Esa industria mueve 2.7 billones de dólares y genera miles de nuevos empleos anuales. Los últimos reportes dan cuenta de que su rango se ha extendido en miles de camioncitos que ya no solo ofrecen comida sino diseño, moda, frutas y vegetales, libros, una que otra imprenta y muy buen café.

Lo son también los parklets, cuya encarnación local o “parquitos” propuse cuando dirigía la unidad de Mecánica Urbana del Municipio de Quito. Estos microparques son extensiones de la vereda que reclaman como espacio público uno de las decenas de miles de espacios de estacionamiento paralelo que tiene la ciudad.

Quito ya está lista. En la cuenta de Instagram @popupquito vamos a empezar a documentar los Pop-Ups que vayamos encontrando en nuestros paseos por la ciudad, y pronto, quizás, anunciamos un “Proper Pop-Up”.

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