De licencias únicas, enemigos del comercio y bienaventurados los pobres de espíritu, que caerán en la trampa del bien común.

Apenas iniciada nuestra gestión, el alcalde Rodas comprendió que la relación de hostilidad que había tenido el Municipio frente al sector privado estaba dañando la economía local y subordinando toda iniciativa al omnipotente sector público. La consigna parecía haber sido regular exhaustivamente todos los ámbitos y hacerlo de tal forma que las entidades multilaterales lo tomaran como un avance en la organización de la gestión.

Uno de los factores que requería urgente atención era la expedición de permisos de operación para unidades económicas. Conocida como “LUAE”, la Licencia Única de Actividades Económicas permitía, en cuatro clasificaciones, la operación de todo tipo de establecimientos, desde pequeñas tiendas de abarrotes a grandes industrias con potencial contaminante y reguladas además por el Ministerio del Ambiente.

Esta licencia es un estándar en los menús de estrategias de desarrollo económico de las multilaterales, dado que cubre una vasta cantidad de ámbitos de gestión con un solo documento y con un solo cuerpo normativo. Su implementación, o la eficiencia con que se implementó en la administración anterior, merece reconocimiento. Sabían cómo hacer que el brazo del Estado llegue a todas partes.

Yo había llegado al Municipio a fundar la unidad de Mecánica Urbana, que es una agencia de creatividad que plantea romper los esquemas convencionales con que se había venido gestionando la ciudad y establecer nuevos paradigmas de pensamiento crítico e integralidad. Se buscaba desligar la innovación como derivado de la tecnología, y mirarla más bien como un cambio en los modelos de gestión y de administración de la ciudad. La “ciudad inteligente” iba a ser una en que la gente viva mejor y para eso íbamos a utilizar todas las herramientas, no solo tecnológicas, para que el urbanismo sea lo inteligente.

Con ese antecedente, hice una propuesta para reformar la LUAE, cuyas principales características presento a continuación. No pretendo iniciar un debate sobre si mi fórmula es o no la más idónea, pero sí quiero que la discusión se aleje del proceso y vaya al núcleo: El Estado interviene demasiado, pide requisitos que se ajustan a una generalidad y no a casos específicos, e inhibe la innovación. Esta situación instaura barreras de acceso altas que obstaculizan a los nuevos pequeños emprendedores y favorecen a las empresas con recorrido y recursos.

Esa es la conversación que necesitamos: sobre los límites del Estado (gobierno local igual es Estado) y la real vocación de servicio del sector público. Éste no considera las pérdidas que provoca en empresas que por cumplir requisitos deben contratar empleados con tareas específicas de atención a la burocracia, y malgastar tiempo precioso y recursos limitados en trámites, asesoría legal y tributaria, y otras cargas.

No voy a hablar siquiera de la relación entre gobierno central y gobiernos locales. Muchas normativas locales deben subordinarse a los marcos nacionales, porque éstos no contemplan la flexibilidad necesaria para reconocer si una ordenanza cumple o excede sus requisitos, y permite controles a municipalidades que sí cuentan con la capacidad instalada. Estas normativas locales son, a su vez, muy poco flexibles y requieren engorrosos procesos políticos para las reformas más mínimas, con lo cual un bloqueo entre un cambio de normativa nacional y una incompatibilidad en una ordenanza puede retrasar permisos por varios meses, sin que los funcionarios atinen por dónde se empieza a desanudar el problema.

Ese problema, de nuevo, no amerita un debate sobre calidad de normativas, sino sobre límites del Estado e incentivos reales a la producción y a la empresa.

Mi propuesta de LUAE contemplaba lo siguiente:

  1. Una revisión exhaustiva de cada requisito, con justificaciones técnicas de cada dependencia, con el fin de eliminar los duplicados, unificar los correspondientes a una sola entidad y que no podían hacerse en un solo trámite, y desechar completamente varios que no tenían una justificación real y requieren de control.
  2. Eliminación categórica de todos y cada uno de los requisitos que el usuario debía presentar y que es el propio Municipio el que expide. E.g. certificado de no adeudar al Municipio, certificado de pago del impuesto predial, certiicado de pago de patente, Informe de Regulación Metropolitano y otros tantos cuya obligatoriedad no es más que pasarle al ciudadano la irresponsabilidad municipal en interconectar sus sistemas y sus entidades. A su vez, esto es un reflejo de los silos en los que trabaja el Municipio, que hacen imposible la colaboración interinstitucional. En un post futuro hablaré de cómo la Mecánica Urbana logró trascender los silos en el proyecto #MiCalle.
  3. Replanteo del espíritu de la LUAE – y del Municipio, de paso – como un instrumento de servicio, cuyo proceso de obtención se basa en la confianza al ciudadano. Obligarle a una institución burocrática y con una inercia asfixiante a creer que quienes solicitan una licencia quieren hacer negocios, proveer un servicio y trabajar honestamente es muy difícil cuando la norma ha sido, instigada por el estatismo de varios años, creer que el solicitante pretende contaminar, estafar, evadir y dañar y para eso solicita la licencia.
  4. Instaurar controles posteriores, dando trámite los requisitos y expidiendo la licencia probatoria, hasta efectuar el control. En caso de no existir novedades, se elevaba a definitiva la misma licencia, sin ningún trámite adicional. En caso de no pasar los controles, se planteaba un periodo corto de prueba y luego del segundo control, si no se cumplieron los requerimientos, se solicitaba cierre y abandono inmediato.
  5. Desechar completa y totalmente el proceso vigente e instaurar uno saneado, donde los requisitos ya hubieran pasado por el filtro del punto <1>
  6. Prohibir terminantemente la solicitud de documentos adicionales durante el proceso. Todos los requisitos debían estar claramente definidos, y todos los documentos debían ingresarse una sola vez, al inicio del proceso, momento en el cual serían digitalizados y guardados en una carpeta donde cada funcionario podía constatar su adecuada sumisión. Este paso permitía la emisión de un número de caso para el usuario y daba inicio oficial al proceso.
  7. Establecer una plataforma basada en la lógica de edición de documentos de Google Docs, donde cada paso se marca con el nombre del responsable y la fecha en que fue tramitado, y se instalaban alarmas en forma de semáforo, verdes para los que cumplieron o están dentro de plazo, amarillo para los que no han cumplido y está próximo a vencerse el plazo y rojo para los que se venció el plazo y no cumplieron. Así, mediante su número de ticket, el usuario podía revisar online el estado de su trámite y conocer dónde estaba detenido.
  8. Prohibición terminante de establecer prerequisitos para ninguno de los pasos del proceso, con lo cual cada entidad debía tramitar su componente con plazo propio, sin posibilidad de culpar a otros por no haber trabajado a tiempo.

La transparencia es alta en un proceso de este tipo, cuando todo es visible en línea y se limita terminantemente el potencial de discrecionalidad burocrática. Lo principal, es que un proceso así nivela la cancha para que cualquier jugador nuevo y sin recursos puede entrar a competir con ideas, con innovación y con trabajo con cualquiera de los grandes. Así se construye la economía. La propuesta no fue tomada en cuenta y se utilizó otra estrategia, más convencional, de reforma a lo existente.

El proceso que se llevó a cabo se lo hizo con la mayor responsabilidad y cuidado, dentro de los parámetros establecidos por los tomadores de decisiones y estuvo a cargo de los profesionales más idóneos, de eso doy fe. Yo confío que las reformas tendrán un impacto positivo. Mi propuesta no era convencional e implicaba un gran riesgo. Creo, no obstante, que destruir las conductas atávicas que generan la inercia en el Municipio requiere tomar esos riesgos. Yo no entré a navegar el sistema, sino a recomendar su demolición. Heme aquí, afuera, porque la inercia contaminó las ganas iniciales, pero mantengo esa consigna. No se entra a navegar un sistema corrompido, anquilosado y expansivo. Hay que replantearlo desde el núcleo. Esta era una propuesta que apuntaba allí.

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