Ecosistema

Hablamos muchísimo de “ecosistemas”. Desde diversos sectores, constelaciones de emprendimiento (inversionistas, incubadoras, emprendedores, empresarios, facilitadores, etc), o de planificación (urbanistas, arquitectos, paisajistas, planificadores), por ejemplo. Pero creo que nos detenemos muy poco a racionalizar una definición de ecosistema, en el contexto de la planificación y el emprendimiento.

Voy a tomar el ejemplo del nuevo espacio de Coworking de Quito Tech, en la Factoría del Conocimiento. Local apto, amplio, accesible, con características espaciales idóneas; y lugar clave, que rompe con la desproporción de iniciativas de este tipo en el norte. Este espacio se plantea como una respuesta a las nuevas tendencias de trabajo en el marco de la economía colaborativa del conocimiento. La idea central es juntar a emprendedores o gente con ideas, con quienes les pueden ayudar a fortalecerlas, a ponerlas en práctica o incluso a financiarlas. Es la misma idea detrás de los distritos de innovación: explotar los beneficios económicos de la propincuidad y crear las condiciones urbanas, económicas, espaciales y ambientales idóneas para generar creatividad, colaboración, innovación y emprendimiento. No dudo que funcione. Y tampoco me cuesta creer que, al interior de las instalaciones, se genere un ecosistema interesante de creatividad, innovación y emprendimiento.

Pero hablábamos de ecosistemas.

Durante la inauguración del espacio, estuve en un par de conversaciones respecto al concepto de ecosistema. Si tuviera que resumir, diría que un ecosistema es una red de organismos (o actores) cuya actividad (o aporte) se ve multiplicado por la relación con el resto. Es decir, un entorno en el cual los distintos actores aportan con sus fortalezas para la creación de valor, para sus ideas, para sus productos y para la ciudad. Esto último es clave: la ciudad. El espacio de Coworking seguramente va a congregar ideas y va a valorizar unas cuantas, de las cuales esperamos que un par tengan repercusión global, o al menos regional. Pero una de las claves, a mi modo de ver, para el éxito asegurado del ecosistema, independientemente de si una, dos o tres ideas repercuten globlalmente, es la repercusión local del movimiento que se genera a partir de la apertura del espacio de Coworking.

Es decir, de cuántas personas alteran sus rutas diarias para pasar por allí y compartir con otros emprendedores. O de cuántas personas escogen pasar sus ratos de ocio alrededor. O, tal vez, cuántas ideas no necesariamente relacionadas con la innovación buscan beneficiarse del nuevo nodo urbano. La Factoría del Conocimiento tiene muchas características apropiadas para convertirse en nodo para cumplir su meta de promover el emprendimiento. Sin embargo, su verdadero valor es urbano, su verdadero potencial es el de catalizador para transformar su entorno inmediato y hacer un impacto local de proporciones incalculables. Si 100 personas alteran su trajinar diario para ir, tal vez valdrá la pena la instalación de un par de restaurantes, de uno que otro café e incluso de una cervecería (ahora que la cerveza artesanal goza de un boom). Si 200 personas pasan sus momentos libres en la vecindad, tal vez valdrá la pena una que otra inversión municipal en espacios públicos, árboles, bancas, iluminación, Wi-Fi, y otras amenidades urbanas. Quizás, incluso, facultades de arquitectura o diseño industrial encuentren interesante realizar intervenciones de urbanismo táctico y los vecinos se unan con el Municipio, con actores privados o con universidades para mejorar la imagen urbana y la seguridad. El ecosistema adquiere vida propia y no tiene límites más que la apertura a nuevos actores y a nuevas conexiones en la red urbana.

El beneficio para los residentes y usuarios del espacio urbano alrededor del nodo, va a ser visible, manifestado en un mejoramiento de sus condiciones de trabajo, de su calidad de vida, de la calidad de su entorno urbano y de su conexión con la dinámica económica y urbana de la ciudad.

No sigo, porque por más que enumere cientos de posibilidades, nunca abarcaré todas. De eso se trata el ecosistema. Que los aportes de los actores se conecten y generen primero vida urbana, y tal vez uno que otro caso de éxito a nivel global. La solidez y fortaleza del ecosistema está directamente relacionada con la cantidad de actores, la calidad de sus aportes y la interconexión entre ellos, y la economía, la sostenibilidad, la gobernanza y la resiliencia del entorno urbnano inmediato será un reflejo de eso.

Como corolario, la recomendación para Quito Tech, es que nunca deje de mirar a su alrededor y nunca cierren sus ojos a las cosas que van a pasar en su entorno inmediato. La capacidad de la institucionalidad pública para identificar oportunidades requiere estar atentos hasta a los más insignificantes cambios, porque de allí pueden surgir las siguientes grandes ideas.

Advertisements

Comments are closed.

%d bloggers like this: