Concepto definitivo de ciudad caminable.

Me impactó una frase de Anaïs Nin que leí hace poco: “No vemos las cosas como son, sino como nosotros somos”. (Link acá, lectura recomendada)

Y para postre, leí un estupendo editorial de Iván Sandoval, en el que explica qué es la opinión, cómo se forma y cuáles son los factores que la forman.

Dicen que la creatividad es la capacidad de hacer asociaciones de estímulos cuyo recuerdo tenemos en la mente, y que en un momento epifánico vinculamos y generamos una idea nueva. Me quedaron, pues, sonando estos dos temas, sobre todo cómo cada persona ve las cosas de distinto modo. En mi profesión, esta característica cognoscitiva particular puede ser un problema, sobre todo cuando intentamos explicar conceptos. La capacidad de abstracción, que le permite a una persona comprender una idea intangible, no es democrática. Es decir, no todos la tienen, y a muchos no les interesa. Así es que, contrario a mi costumbre de hablar y escribir en términos crípticos y no tan coloquiales, intentaré explicar en pocos párrafos qué es esto de la “Ciudad Caminable” y cuáles son las condiciones Sine qua non que le permiten a una ciudad vanagloriarse de tan honrosa descripción.

Empezamos por decir que Quito, a pesar de todo lo que asegure la televisión, no es una ciudad caminable. Le hace falta limpieza, seguridad, comodidad, entretenimiento y diseño ergonómico. Pero ¿cómo? me preguntarán. Si en Quito todos caminan. Pues sí, muchos caminamos en Quito, lo cual no la hace una ciudad caminable, sino un sitio en el que por las condiciones políticas, urbanísticas y geográficas, la gente se ve obligada a caminar. No es lo mismo. La contaminación, sobre todo en algunas calles como la 10 de Agosto, la Necochea, o en el querido Centro Histórico, es terrible, y los peatones se ven inmersos en negras nubes de humo generado por un diésel de mierda y carros viejos. Y en medio, también, de una nube imperceptible pero no menos dañina, de la combustión de las carros a gasolina. Las aceras son un atentado para niños, ancianos, personas en sillas de ruedas y padres empujando carritos de bebé. Los bordes de las edificaciones constituyen un largo, deslucido, aburrido y monótono cerramiento que no ofrece nada al caminante. Quito, por cómo está hecha políticamente, no es una ciudad caminable, por más que lo diga la tevé.

Debo enumerar, entonces, cuáles son las características que debe tener una ciudad para ser caminable, y que son factores tan elementales como necesarios, y que tienen una condicionante: solo funcionan cuando actúan en tándem. Nunca esperemos éxito ni un cambio significativo, si no incorporamos todas las acciones que enumero abajo. La revolución copérnica se da solo cuando se cambia la matriz en un 100%

1. La ciudad caminable es policéntrica, y está descentralizada en todos sus ámbitos. Esto implica que una persona puede acceder, caminando máximo a unos 15 minutos, todos los servicios públicos y privados necesarios para su vida cotidiana: municipio, mercado, escuela, biblioteca, espacios públicos cívicos y deportivos, iglesia o templo, comercio y demás.

2. La ciudad caminable es cómoda y acogedora. Parte integral de que los ciudadanos caminen es que exista la motivación apropiada. Si a pesar de que la condición No. 1 se de, esos lugares no tienen una adecuada interacción con la calle, no existirá la motivación para caminar. No es la distancia, ni la topografía, ni el clima lo que nos detiene de iniciar una caminata, como lo demuestran las ciudades caminables de París, San Francisco o Vancouver; sino que tengamos suficiente “entretenimiento” y comodidades urbanas a lo largo del trayecto.

3. La ciudad caminable tiene una red de calles planteada a escala humana. Para caminar, además de tener sitios a los que ir y un trayecto que nos entretenga, necesitamos tener opciones. La ciudad moderna, con sus megamanzanas y autovías de 8 carriles, ofrece pocas opciones de ruta, y la caminata a lo largo de espacios que perdieron totalmente la escala humana, pierden intimidad y oprimen al caminante, que mira su destino a lo lejos pero siente que avanza poco. Una ciudad con una red de calles que ofrezcan alternativas, y que estén a escala del caminante, será más cómoda y más accesible.

4. La ciudad caminable ofrece aventura y descubrimiento. Un apartado del entretenimiento al que hago referencia en párrafos anteriores es el descubrimiento de jardines ocultos, de placitas o patios urbanos, de pequeños monumentos o la llegada, por medio de calles sin pretensiones, a espacios urbanos emblemáticos. La ciudad ofrece un aspecto lúdico que el caminante agradece, pues, caminando.

5. La ciudad caminable trata sus calles como espacios públicos. Ya mencioné esas autovías urbanas y sus dificultades psicológicas. Ahora me voy a referir a sus dificultades urbanísticas: a) los autos circulan a mayor velocidad; b) los tiempos necesarios para cruzar son mayores y requieren estaciones intermedias en los medianos; c) para “facilitar el flujo” no se permite estacionamiento paralelo, lo cual motiva a subir la velocidad y no provee una pantalla de protección para el viandante; d) las fachadas comerciales, al tener los autos como tráfico principal, se diseñan para ser vistas a 60 km/h y pierden el grano fino de espacios diseñados para ser experimentados a 5 km/h, que es la velocidad a la que una persona camina. El diseño de calles y avenidas para facilitar flujos de automóviles rompe la relación empática de la persona con la calle, y degenera la experiencia urbana. Si la ciudad diseña sus calles como si fueran salones exteriores, para que jueguen los nños, para que se reúnan los adultos y para que descansen los ancianos, la motivación para caminar será mayor.

La ciudad caminable que cumpla estos requisitos debe tener, por lo tanto, manifestaciones espaciales como:

  1. todas las vías y los cruces a nivel de piso
  2. carriles angostos y en número limitado para no perder la escala humana
  3. un derecho de vía (distancia entre fachadas de edificios) calibrado para permitir su percepción como plaza
  4. estacionamiento paralelo a lo largo de la calle
  5. cuadras cortas que permitan desvíos, encuentros y sorpresas
  6. calles que cambien de dirección para reducir los trayectos rectos y cuadras irregulares
  7. una diversidad de tipologías de edificios que respeten las características urbanas y el frente de calle, y una política de conservación de edificaciones valoradas por la ciudadanía
  8. un frente de calle definido por edificios con frentes permeables ubicados a línea de fábrica, y la posibilidad de ocupar las aceras con oferta comercial, cultural y de cualesquier otro tipo
  9. edificaciones sin retiros frontales ni laterales, al menos en planta baja
  10. edificaciones hechas a escala humana, de uso mixto, con oferta comercial diversa
  11. limitación normativa de cerramientos ciegos, de puertas lanfor, de vidrios reflectivos y de señalética
  12. un nivel considerable de permeabilidad del espacio de la planta baja y accesos múltiples con intervalos cortos
  13. un sistema de espacio urbano abierto con sucesión interconectada de plazas, parques y espacios cívicos
  14. espacios públicos planteados con la contención del usuario como principio de diseño
  15. vegetación apropiada, alta y baja, para dar sombra y alegrar el trayecto, y espacios para sentarse a disfrutarla
  16. aceras anchas para caminar, o una tipología de “woonerf” o calle compartida sin divisiones

Es relativamente fácil tener conceptos diversos de “ciudad caminable”, debido a que la percepción de caminabilidad, sobre todo en un contexto como el de Quito, se confunde con el sino fatal de los usuarios de la ciudad que les obliga a caminar en un entorno hostil para el efecto. No obstante, con la enumeración aquí recogida, se plantean los elementos tangibles de una ciudad caminable según se la define en las diversas instancias globales que trabajan para conseguir que nuestras ciudades sean más amigables. Estas instancias no son solo municipales, como los departamentos de planificación y movilidad de Nueva York, a cargo de Amanda Burden y Jeanette Sadik-Khan, sino ONGs como el Project For Public Spaces, universidades y académicos, corporaciones privadas, estudios de arquitectos, bufetes de abogados y organizaciones de la sociedad civil.

Las ciudades amigables y caminables, como lo demuestran algunos estudios recientes, son también más económicamente viables y por lo tanto, más sostenibles social y ambientalmente.

————————

Links importantes para las instancias a las que hago referencia y que trabajan en el tema:

Project For Public Spaces

BID Ciudades

Congress For The New Urbanism

Gehl Architects

Creative Class Group

Advertisements
9 comments
  1. Galo Mejia said:

    Cual es su punto de vista, sobre la relación de las ciudades con los nuevos espacios publicos digitales? Cual es su visión de como las nuevas herramientas de telecomunicaciones (telepresencia y teletrabajo) influirán en las comunidades del futuro?

    • Creo que espacio público hay solo uno, que es el Espacio Público. Las tecnologías ayudan a encontrarse pero necesitamos un espacio físico para relacionarnos. Le invito a leer las entradas anteriores de este blog, “El mito de las Smart Cities” y “La agenda digital es primero una agenda urbana”, en los cuales expongo ese tema específicamente. Saludos.

      • Galo Mejia said:

        Voy a leer lo suguerido, pero no puedo estar más en desacuerdo con lo expresado, porque ya nos estamos relacionando, sin ningun espacio físico requerido. Hay grados de relaciones, pero relaciones al fin. Habrá que definir que es encontrarse …

      • La presencia física es indispensable, finalmente, para cualquier relación fructífera. Y los estudios realizados sobre entornos urbanos altamente digitalizados demuestran que el ámbito digital no reemplaza al presencial. Buena noche.

      • Galo Mejia said:

        Nunca dije que reemplazan, pero Ud dijo que no existen (que solo hay espacios físicos). Recomiendo leer sobre “virtual teams”. Buena noche.

      • Gracias por la recomendación.

%d bloggers like this: