Le falta un tramo, señor.

Acabo de recibir un mail, puntual como todos los meses, de un urbanista de vieja escuela que celebra el Metro como uno de los sistemas de transporte más eficientes (el más eficiente, dice), y predice mejores días para el tráfico de Quito. Comparte su satisfacción por que Quito tenga un sistema como el de Madrid y por los estudios que se han hecho, rápidos y seguros.
Pero se olvida de algo.
Se olvida, tanto como convenientemente olvidan los promotores y defensores del proyecto, de que el éxito y rentabilidad de un sistema de transporte se miden en función no de su capacidad de carga y del tiempo que reduce de viaje, sino en el número de usuarios que sirve, de confiabilidad del sistema y de autos que retira de las vías (o de reducción del “share” de autos en el sistema de movvilidad). Por lo tanto, para que los usuarios del actual transporte público prefieran el Metro y para que los conductores dejen la comodidad de sus vehículos, debe haber condiciones urbanas de comodidad, seguridad y caminabilidad para motivar el cambio de preferencias.
Pasa algo similar con el Nuevo Aeropuerto. La Terminal es de primera, los servicios van a funcionar, la pista es incomparable con la del viejo Mriscal Sucre, pero las conexiones desde y hacia la terminal, son ínfimas, de cuarto mundo.
Parece que se les olvidó un tramo, o que en serio piensan que el sistema de Metro va a atraer inmediatamente a los usuarios y que el Aeropuerto nos va a hacer cosmopolitas. Qué lejos están, los ilusos.
Mientras el Metro no muestre que existe una decisión de hacer ciudad para acercar las paradas a los usuarios mediante el mejoramiento de aceras, calles y fachadas y de la provisión de espacios urbanos más cómodos y seguros, debemos pensar que el caso del aeropuerto y las medidas parche, desesperadas y un poco idiotas para transportarnos desde el núcleo urbano a la terminal aérea van a ser la norma.
No me opongo al Metro ni al Aeropuerto. Pienso, como algunos urbanistas, que son proyectos de primer mundo que son necesarios en una ciudad de primer mundo y que Quito podría estar en ese camino. Pero yo veo más allá de la novelería del juguete nuevo que tienen los promotores y de la suma de grandes proyectos urbanos que los urbanistas piensan que hace una ciudad.
Es tarde ya, pero yo propondría, ante los mismos oídos oficiales sordos de siempre, que, del lado del Aeropuerto, se asuma el error, y se deseche la novelería, y se abra la terminal cuando las vías sean confiables, para no exponer onnecesariamente a los usuarios y no exponerse a una demanda por negligencia de proporciones mundiales. Por otro lado, con respecto al Metro, podrían mostrar, de existir, estudios para mejoramiento de imagen urbana, o acceder a realizarlos, y dejar de creer que solo el túnel y los trenes van a significar el éxito del proyecto.

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