El Capitalismo es antiurbano?

El Capitalismo destruye a la ciudad. Ya está. Lo dije.

Si bien las ciudades no prosperan sin innovación, y la creatividad que se necesita para innovar solo puede surgir y dar frutos en libertad, existe una paradoja inherente a la manifestación edificada del producto de la innovación: la ciudad capitalista es una de espacios privados conectados por redes de transporte privado, pero la ciudad que permite el crecimiento de la individualidad que se distingue, emerge y crea riqueza, irónicamente, es una ciudad abierta, de espacios públicos, conectada por redes públicas que mueven personas e ideas, y no solo autos.

Las ciudades flamencas y holandesas como Brugge, Amsterdam o Amberes, donde se inventaron la bolsa de valores y otras instituciones esenciales para la economía, así como Londres, Manchester, Boston o Nueva York, donde dan sus frutos más importantes el comercio y la industria, son ciudades sin barreras, donde prima el espacio público y donde se facilitan los encuentros entre segmentos diversos de la población. Viena, Buenos Aires y París, los grandiosos y decadentes teatros de esa época maravillosamente fructífera que fuera el Fin-de-siècle, hasta antes de la Gran Guerra, también eran ciudades de espacio público.

Algo cambió.

Las ciudades, ahora, han aprovechado el fruto de esos años en que la estructura lógica sobre la cual se asientan llega a su auge, y han construido sobre sus cimientos, reduciéndolos a ruinas. Ya no existe esa ebullición en las calles que permite las historias de éxito á la Rockefeller, Ford o Jobs.

Detroit, que era entre otras cosas el sitio de la compañía de Thomas Alva Edison, y que produjo mentes brillantes como el propio Henry Ford, devino en una zona devastada, abandonada y con altos índices de pobreza (Glaeser 2011) e inmovilidad, que creo que es peor. En algún punto de la transición de área rural con granjas de naranjas a la actual amalgama de campus corporativos conectados mediante carreteras accesibles solo para el auto, Silicon Valley tuvo centros urbanos definidos con algo de aglomeración y conectividad, y permitió que se encuentren los Dells, Jobs, Hewletts y Packards del mundo. Poco a poco, la efervescencia se diluyó en los trayectos desde las comunidades-dormitorio hasta el campus de la empresa. Son pocas, aún, las compañías que han identificado el valor de la ciudad abierta, de espacios públicos y han vuelto a campus urbanos no segregados. Amazon se destaca por ser una de esas corporaciones, y es megabuen vecino, en más de una acepción, del centro de Seattle.

La creatividad proverbial de Silicon Valley, se da en San Francisco, en medio del bullicio y la intensidad de actividades de la ciudad, lejos de las oficinas corporativas suburbanas. Esa revelación coloca a los puntos de acopio donde las vans corporativas recogen a sus ejecutivos, en el centro urbano de San Francisco, por encima de las salas de reuniones diseñadas por estrellas de la arquitectura, en cuanto a productividad del espacio. Esa es una prueba de que lo que permite que se desarrolle la ciencia y la tecnología, antes que las decisiones individuales de genio, son las relaciones urbanas que son el gatillo que dispara ideas. De ahí mi afirmación de que el Capitalismo está matando las ciudades. La necesidad de acoger operaciones más grandes de lo que da la escala de las manzanas y los edificios en los centros urbanos es solo un factor. El más importante es, a mi juicio, la necesidad de diferenciarse, de que su sede sea un reflejo de la innovación, de la creación y de cómo han mejorado la vida de sus consumidores o clientes.

Me gustaría que Jeff Bezos nos diga si eso es más importante que mantener una fuerza de trabajo motivada, conectada, inspirada por el entorno y constantemente innovadora en consecuencia. Creo que abogaría a favor de la ciudad.

La ciudad es el entorno que permite la innovación, y la innovación, a su vez, es motor de desarrollo. Cabe cuestionarse si hay un punto y un momento en el que demostrar la riqueza generada limita la mismísima innovación que permite esa generación de riqueza, y plantearse seriamente un cambio de rumbo. Amazon (NASDAQ: AMZN –  $270.50) lo hizo. Un pequeño paso para Jeff Bezos, un gran salto para la humanidad.

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