La plena

El año que acaba de morir, ese 2012 que se llevó a Oscar Niemeyer y al gran Dave Brubeck, creo que fue, también, un año de inflexión para Quito. Los problemas más graves de la capital se exacerbaron terriblemente, en parte debido a las soluciones implementadas, y el rechazo a la gestión del alcalde se hizo virulento.
No obstante, y muy a pesar de quienes insisten en calificarlo como el peor alcalde, Augusto Barrera es un administrador regular, cuyas dos características más importantes, según mi opinión son: la ambición que le permite pensar en megaproyectos urbanos, y la estrategia de fortalecer, tal vez con demasiado ahínco, el rol de ejecutor del sector público, igualando en jerarquía a los de regulador y organizador.
Por lo demás, ha sido una administración con resultados modestos. Ha habido mucha obra pública visible, pero siempre orientada, aunque el discurso desespere por demostrar lo contrario, a continuar los vicios de los urbanistas de mediados del s. XX.
Intentaré, en las líneas que siguen, hacer un análisis de algunos de los hitos de la administración en 2012, que fue el año de consolidación de la gestión municipal, previo a este larguísimo año electoral que empieza con la campaña presidencial 2013 y terminará en la elección del sucesor del alcalde Barrera en 2014.
1. El Metro. Si pudiéramos describir el proyecto del Metro de Quito con una palabra, ésta sería “desproporción”. No dudo de que es un proyecto que va a estar bien planteado, ni me preocupa el aspecto técnico. Es más, considero que tener esa alternativa podría contribuir a la movilidad integral de la ciudad. Sin embargo, no veo una paridad en la inversión, ni un enfoque lo suficientemente fuerte al componente de superficie, que es el que va a integrar los trenes con la vida urbana, cosiendo el sistema de transporte al sistema urbano. Una ciudad, como un ecosistema, tiene elementos de muchas y muy diversas escalas, y una administración exitosa es la que trabaja a nivel regional, metropolitano, urbano y barrial, pero también en corredores, cuadras, calles y edificaciones. De ahí que un sistema que considera la movilidad metropolitana (macro) pero no plantea inversión proporcional para hacer la ciudad caminable, (mediano) ni los aspectos más grandes y más chicos, así como las externalidades (micro), es un sistema incompleto. A la iniciativa le doy un 9/10, pero a la estrategia, un mal ganado 4/10.
2. Las carreteras. Quito es una ciudad mal hecha. Incaminable, maltrata a los ciudadanos. La prioridad en hacer vías de conexión regional sin tomar en cuenta la mala calidad y deficiencia del tejido vial que los peatones, su salud y seguridad, y la economía local padecen en las zonas urbanas, perpetúa ese problema. Incluso, lo multiplica, con miles de carros más, saturando las -malas, escasas y desconectadas – vías existentes, gracias a las facilidades de desplazamiento en auto. La congestión y el tráfico no se resuelven con más vías sino con un sistema urbano conectado, que permita el desplazamiento de personas y no solo facilite el de vehículos. Al enfoque que permite una ciudad diseñada por ingenieros de transporte para mover máquinas, le doy un 3/10 y a la estrategia de construir vías anchas y pasos a desnivel para facilitar la movilidad, un merecido 2/10.
3. El Boulevard Naciones Unidas. Un Boulevard es una avenida ancha, con grandes y cómodas veredas, con árboles y estacionamiento para proteger al peatón, que une dos hitos urbanos y que presenta nodos de actividad urbana a lo largo de su recorrido. El Boulevard Naciones Unidas cumple un par de esas condiciones. No es una vía de vinculación entre hitos, por que el viejo estadio Atahualpa en un extremo carece de contraparte, y porque semejante obra urbana no merece unir dos nefastos hitos del antiurbanismo y la antiurbanidad, como son el CCI y el Quicentro, cuyas “soluciones” de estacionamiento no se integran y matan el espacio público. Y que conste, para fines pertinentes, que no critico su existencia desde un punto de vista comercial, lo cual sería suicida dado que el comercio es la vida de la economía, sino su calidad de mamotretos y su grosera ruptura de la dimensión espacial de la ciudad.
Tampoco tiene, el nuevo boulevard, una estrategia de dinamización, mejoramiento, actualización ni replanteo de la oferta comercial, ni de captación de plusvalía para crear un fondo rotativo con un porcentaje sobre el incremento en la actividad comercial gracias a la operación urbana. Los mismos kioskos insalubres, las mismas megatiendas orientadas al cliente conductor y muy poca oferta para quedarse.
Sobre los árboles, mejor ni hablar.
Lo que sí tiene, son veredas anchas, cómodas, y que invitan. Y ese es precisamente el éxito del lugar. Diariamente vemos cómo la gente se aglutina para pasear, mirar exposiciones (de calidad altamente discutible) e incluso conduce hasta allí, estaciona en la vereda bajo la señal de No Estacionar y organiza un paseo familiar de un par de horas. Luego vuelve a su carro y se va. A primera vista, ese sería el éxito al cual me refiero, pero en realidad es un síntoma: constituye un medidor excelente de la deficiente oferta de espacio público en Quito. Al no existir plazas barriales de calidad, la gente utiliza las amplias veredas del boulevard como plaza, incluso saliéndose de su camino para ir a disfrutar de uno de los pocos espacios públicos de calidad en el norte de la ciudad. Al proyecto del boulevard, le doy un 8/10, en espera de que el Olímpico Atahualpa tenga su contraparte, y a la ejecución un 6/10, por haber permitido que la necesidad de estacionamiento y el mal gusto de los malls degrade la calidad urbana. Aquí cabe otorgar, además, un interino 2/10 hasta que podamos ver la capacidad de reacción del Municipio, con respecto al déficit de espacio público, que motiva a la gente a utilizar las veredas de la NNUU como sustituto.
4. Cobro descentralizado de impuestos. Aún me reservo mis críticas a un sistema que no cumple con la máxima de la administración impositiva, que establece que es más fácil cobrar un impuesto cuando el destino de los fondos es visible y cuando se minimizan las exenciones y, por lo tanto, la carga individual sobre cada contribuyente es menor. No obstante, la descentralización de los puntos de pago es una movida excelente desde cualquier punto de vista. Primero, la facilidad y reducción de trámites. Segundo, la descarga y potencial agilización de actividades sobre el personal y las instalaciones de las administraciones zonales. Tercero, la dinamización del sistema financiero, las oportunidades de creación de nuevos productos y de incremento de la bancarización de la ciudadanía. Cuarto, y más importante, la externalidad de tráfico, que va a disminuir cientos o miles de viajes que se realizaban hasta las administraciones zonales, liberando las calles de trayectos innecesarios. Es mucho más difícil que con casi 1500 puntos de pago, las colas para impuestos municipales sean largas. A la iniciativa, le doy un 10/10 y a la implementación un 9/10, en espera de que todos los trámites se descentralicen o desmaterialicen y se puedan hacer online.
5. Obras públicas. Descalabro. Por si fuera poco permitir que los ingenieros viales diseñen Quito, con un conocimiento limitado a permitir fluidez en el tránsito, y totalmente ajeno a qué es y cómo funciona una ciudad integral, la administración pierde el año en programación de obras: horarios incómodos, demasiadas obras simultáneas y otras fallas. Se lleva un poco honroso 1/10.
6. Smart City. Poco se sabe, pero se han consolidado algunas iniciativas que traerán grandes sorpresas en 2013. Pronto términos como Smart City, Big Data o integración tecnológica serán parte del léxico de los quiteños. No sé mucho más, pero me ilusionan las posibilidades. La iniciativa recibe un 10/10 y la implementación, aún inexistente, un 5/10, a la espera de que la ciudad no solo sea vista como inteligente por su integración tecnológica, sino por su apertura, apoyo y fortalecimiento al segmento privado de las startups tecnológicas, lo cual requiere una estrategia integral de potenciación de la creatividad que se genera en el espacio público, en los encuentros entre personas en una ciudad conectada, y en el reconocimiento de que los actores más importantes son las Startups y los emprendedores privados que las crean, mientras que el Municipio debe saber cuándo hacerse a un lado. Valga la nota, para futura discusión: yo creo firmemente que saber cuándo dar un paso al costado es un arte dominado por pocas autoridades municipales, así como el de convertirse en un exitoso “venture capitalist” que comprenda el potencial y los beneficios del PPP.
Para finalizar, considero que queda una gran deuda con la ciudadanía: la elaboración del estatuto de Distrito Metropolitano, que permitirá asumir competencias clave y plantear un concepto de ciudad desde una posición privilegiada de toma de decisiones, financiamiento y capacidad de ejecución. Quedamos pendientes de eso.

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2 comments
  1. Jota, buen análisis, vale la pena aclarar que poner duchas públicas en un boulevard tampoco es elegante ni urbanista, eso no es culpa del alcalde, pero es increíble que los policías municipales se hagan de la vista gorda cunado personas se meten a bañar en los chorros de agua que imitan una pileta, y como si eso fuera poco hasta con shampoo. Es cierto que la gente debe cambiar, pero la policía municipal debe controlar.

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