El progreso, for dummies

No es culpa del alcalde. No. Su presencia es circunstancial. Somos nosotros quienes no podemos pensar en integral. Incapaces de pensar en una ciudad unificada; en una que no se pelee por una puta corrida de toros como válvula de escape porque no sabe qué carajos quiere ni quién chuchas es. Y, claro, no es que desde alguno de los cuatro lados de la Plaza Grande ayuden a encontrar una respuesta. No para todos, al menos. Todos nos creemos especialistas y no podemos pensar en una ciudad cuyos grandes proyectos no se hagan a miguitas sino mirando en grande, mirando en metropolitano. Las operaciones urbanas exitosas no se hacen quedándose cómodos en la provincia pero, eso sí, con un tren grande. Brillante. Nuevecito. Y español. De esos mismos españoles que algún fachito de esos olvidables tachó del himno porque dizque no nos amaron y QuitoNoEsCiudadEspañolaEnElAnde y nisequé otras desviadas nociones de chauvinismo. Perdón, patriotismo quise decir.
El provinciano con tren. Me recuerda al proverbial “mono con huevo” con el que nos comparaban los grandes cuando recibíamos un trencito de juguete y nos desvelábamos mirando absortos sus interminables vueltas en una pista que no conducía a ninguna parte.
La inocencia de la niñez, quizás, podía habernos hecho pensar que esos vagones eventualmente llegarían a puerto seguro. Hoy, con mis 15 o más años de pensar la ciudad no desde torrecitas de marfil ni desde barricadas resabiadas, sé que el loop es infinito y que si no construimos la riel con algún destino claro y consensuado, vamos a seguir dando vueltas como cojudos.
Ningún juguete, por caro, trae el progreso. Somos nosotros los que debemos construirlo con trabajo, humildad y unión. Lo primero tenemos. De lo segundo cojeamos y lo último sí que es escaso. Por eso digo que no es culpa del alcalde. Nada de lo que pasa. Su Excelentísima Ineficiencia está ahí por una circunstancia y nadie, por superhumano que se crea, sería capaz de hacer una ciudad de esta urbanizacionsota fea, si no piensa en encontrar la identidad perdida.
Y qué difícil resulta encontrarla, en medio del barullo de la bronca eterna entre los de la “z” (por aquello de su decembrino acento, propio del linaje directo de Quevedo, Lorca y Cervantes) y los de la “k” (por aquello de su odio expresado, en español y por Twitter, a todo lo que sea español, transnacional y corporativo).
Lo primero es asumirlo. Asumir la culpa como el primer escalón de un programa de 12 pasos. Empezar a aceptar que la historia no es la que escribieron los vencedores sino una en la que no hay blanco ni negro; que la ciudad milenaria no pudo haberse fundado hace menos de 500 años y que sin la contribución de los arquitectos y escultores españoles, no tendríamos el honor de ser el primer Patrimonio de la humanidad.
Si asumimos que el cambio está en cada uno de nosotros, dejaremos de buscar el culpable en las incoherencias y desproporciones de un funcionario circunstancial y de pensar que el progreso es Pret-a-porter. En ese momento, tal vez, trabajando agarremos algo de humildad, nos unamos y rompamos el maldito loop interminable que no nos lleva a ningún lado.

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3 comments
  1. Santiago Sánchez said:

    wow!

  2. Que bueno Jaime y estoy totalmente de acuerdo contigo. Entre la pelea de opiniones, tratar de enterrar una parte de nuestra identidad, etc; Quito cae en un circulo vicioso donde se tapa un hueco abriendo otro, donde solamente sobresale nuestra falta de carácter y de memoria.
    Al final ni municipio ni empresa, ni dueño ni empleado, ni eZpañol ni auntitaurino novelero ganan …….. solo se crean mas diferencias, obras a medias, improvisaciones y fantocherías “para apoyar al de turno” y se alejan completamente de ser una comunidad con conciencia, historia que para planificar no olvida utilizar el sentido común.
    Saludos,

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