Quito habla en digital

Este ha sido un interesante septiembre para Quito. El Municipio ha organizado un evento de gran trascendencia, y de envergadura global. Esta es mi visión personal de los beneficios y oportunidades que vienen detrás.

En una economía como la nuestra, que depende de muchos factores externos y está en proceso de consolidación, es imperativo que pensemos en cada evento que se lleva a cabo en la ciudad, como un catalizador de desarrollo económico. No únicamente porque los asistentes mueven su pedacito de economía, sino porque las inversiones, las enseñanzas, los preparativos y la sinergia, pueden – y deben – canalizarse hacia estrategias de desarrollo urbano de largo aliento.

Aprovechar eventos como el Campus Party para hacer “bautizos digitales” en los que se atiende a niños y adultos mayores en la creación de identidades digitales, perfiles de redes sociales y cuentas de correo electrónico, aporta mucho más a la cultura digital, que los millones que puedan invertirse en una plataforma de gobierno electrónico. Afortunadamente no son excluyentes, pero la reducción de brecha es infinitamente más importante. Si no por nada más, debido a que aumenta el número de ciudadanos que pueden ser servidos por la plataforma de e-gov.

Eso construye desarrollo económico, porque abre puertas y crea oportunidades. Pero el valor de lo que puede pasar, cuando ese segmento inmenso de población que ingresa a las redes globales tiene acceso a todo lo que el internet brinda – toda la tecnología, toda la investigación, todo el conocimiento y todos los descubrimientos de la humanidad a un click de distancia – es incuantificable.

Pero eso es materia de otro evento. Yo me refiero, acá, al Encuentro Iberoamericano de Ciudades Digitales, que se celebró en Quito, el 25 y 26 de septiembre de 2013. Y no voy a resumir ni a contar del evento. Ya se me habrán adelantado otros mucho más hábiles y lo que menos quisiera es ser redundante. Googléenlo.

El encuentro reunió a decenas de profesionales de primer nivel, a nivel global, durante dos días cargados de sinergia, en uno de los edificios más bonitos de Quito, enclavado en uno de los entornos urbanos más degradados. Ahí radica, tal vez, lo único que podría decir en contra del evento. Una vitrina global de ese nivel, merecería que el evento dé una mirada desde la infinidad de ópticas de construcción de ciudades inteligentes, al barrio alrededor del Centro de Convenciones Eugenio Espejo. No pierdo la esperanza de que eso empiece a suceder pronto.

Se habló mucho de ciudades inteligentes, y se vinculó mucho ese concepto con la tecnología. A mí, personalmente, me asusta que las ciudades forjen alianzas demasiado exclusivas con grandes empresas de tecnología, debido a que eso asegura que la agenda Smart de la ciudad esté vinculada a la de la corporación. Eso excluye – o coopta, que es igual o peor – a las iniciativas ciudadanas y al desarrollo de plataformas alternativas de innovación tecnológica. El único beneficiado del cierre del mercado es un monstruo que obtiene “licencia para monopoliar”. Justamente por eso, rescato una de las temáticas que pude leer durante el evento: la inteligencia de la ciudad, está en los ciudadanos. Hacia allá vamos, y los profesionales más importantes del mundo tienen esa visión, que comparto y que he hecho pública desde que inicié este espacio virtual.

Además de dos muy inspiradoras charlas, que fueron quizás las más impactantes, hubo un momento en el que se compartieron experiencias que, creo, están marcando una tendencia muy visible en la gestión de ciudades en todo el mundo. En primer lugar, asumimos que la ciudad no puede encargarse de todo. La economía ya no permite que el sector público y la iniciativa privada actúen en solitario. La única manera de crear ciudad es trabajando en conjunto. Luego, hemos de aceptar que debe haber ganadores y perdedores. No podemos hacer que toda ciudad sea un destino turístico ni podemos convertir a una ciudad de 3 millones de habitantes en un distrito de innovación. Hay que escoger con mucha consideración, cuidado y estrategia, pero hay que escoger. Eso no es necesariamente malo, por cierto. Al decidir hacia dónde se direccionan inversiones y esfuerzos, no se dejan de lado otras zonas u otras ciudades. Simplemente, se pone los huevos en la canasta que va a dar los mejores beneficios, crear las oportunidades y definir las condiciones para que el resto se beneficie también. Las estrategias van más allá de las acciones concretas, y se hacen en función de resultados a largo plazo, aunque lo visible en el corto no evidencie la meta.

Las experiencias de Medellín, Buenos Aires y Guadalajara en creación de tipologías de espacios de innovación, demuestran que el trabajo que se ha hecho aquí para crear una tipología nueva, ha sido en la dirección correcta. Los polos, parques y otras, se quedan en el camino frente a los Distritos, que abarcan una cantidad considerable de dinámicas adicionales y se constituyen en nodos urbanos que generan dinámicas de crecimiento extremadamente beneficiosas para toda el área metropolitana. Por cierto, las inversiones no son en toda el área metropolitana, lo cual refuerza los puntos anteriores.

Los distritos temáticos en estas tres ciudades se han creado a partir de identificar zonas estratégicas donde hay sinergias incipientes, donde más se necesita de intervención y donde se podría obtener los mayores beneficios. El axioma “location, location, location” es crítico. A un distrito de este tipo uno no va, sino que está. La multiplicidad de dimensiones urbanas: vivienda, comercio, trabajo, entretenimiento, servicios, etc., y su ubicación central, accesible, en encuentros de caminos y con identidad, aseguran el éxito y la sostenibilidad integral del proyecto.

Otro factor es el modelo de gestión. Todas comprendieron el valor de los esfuerzos de cada sector. De la experiencia de Buenos Aires se destaca que los roles están totalmente definidos: el sector público aporta con la visión y el marco, y el sector privado pone el contenido y el riesgo. El beneficio es global y no se mide en retorno de inversiones, sino en crecimiento integral de la economía.

El distrito temático no tiene límite. Puede ser industrial, de entretenimiento o de creatividad. Pero las posibilidades no terminan allí. Mientras nos apoyemos en la capacidad humana de inventar y reinventarse, y le apostemos a la propincuidad y al encuentro como canales para el intercambio y la difusión de ideas, manifestados en el espacio público, las ciudades seguirán creciendo, seguirán innovando y seguirán siendo el motor que mueve al mundo.

Quito, por su parte, ya se empieza a despertar. El Municipio empieza a capacitar a sus funcionarios sobre gobierno digital, sobre los alcances de la tecnología para gestionar la ciudad y abre una fuente inagotable de inspiración al hacer accesible la conexión a las redes globales y reducir la brecha digital. Esa nueva generación de funcionarios van a tener una nueva visión y por lo tanto, Quito va a tener una nueva visión. Si sumamos, bautizos digitales, capacitación a funcionarios, eventos de escala mundial y la inserción a las redes globales, Quito va por buen camino. Debo admitir que estoy gratamente impresionado.

Para finalizar, voy a comentar dos charlas particulares que me impactaron especialmente, la una por su contenido y la otra por su forma. Pablo Sánchez Chillón (@PabloSChillon), abogado alicantino, introdujo el concepto de “Digizens”, que son los ciudadanos digitales, profundamente involucrados con la tecnología y muy activos en el espacio virtual, pero totalmente comprometidos con la ciudad y activos también en el espacio público. Pueden ver más (y mejor, claro) en su blog, http://www.urban360.me. La segunda charla, que impactó por su sencillez, fue la de Kate McGee, Ejecutiva de Planificación Sostenible de San Francisco, CA. No mencionó ni una sola vez la tecnología digital, aunque se enfocó en la innovación y en la creación de ciudadanía. Se lo comenté, y le pareció una lectura interesante. A mí me gustó porque soy convencido de que la innovación más importante surge de la creación de ciudadanía, porque son los ciudadanos quienes generan el cambio, crean y construyen. Los Steve Jobs o Michael Dell Jeff Bezos, trabajando en un garage, con una idea y una visión, esos son quienes cambian al mundo. (Gracias a @aldombr por la sugerencia)

Hay más, muchísimo sobre el evento y sobre la sinergia que creó. Lo importante es que se abra la conversación, y que nunca termine.

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